5 museos eróticos que te subirán la libido

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Los museos eróticos se han convertido en una parada más en muchas rutas turísticas hoy en día. Quién nos iba a decir que este tema, considerado tabú durante tantos años y en tantas culturas, iba ahora a relucir en forma de esculturas, pinturas o representaciones artísticas de las más controvertida índole internacional.

Ajenos a los folletos eróticos más comunes, al margen de las calles principales de cualquier ciudad y abiertos en zonas que rozan el límite de lo clandestino, los museos del sexo existen y por ello los visibilizamos, sin tapujos, recomendando los 5 mejores museos eróticos del mundo:

Ámsterdam: El Venus Temple

En la cabeza de lista destaca este edificio del centro de la capital holandesa. El Venus Temple se inauguró en 1985 y, en un principio, se limitaba a recoger algunos objetos eróticos del siglo XIX. Está situado en pleno barrio rojo, rodeado de locales sexuales, y permanece abierto hasta las 23:30h, elevando un áurea sexual hasta bien entrada la noche. Sus vitrinas, sus luces rojas y sus imágenes explícitas muestran la historia del erotismo desde tiempos inmemoriales hasta los más sofisticados productos de nuestros días. Objetos romanos, griegos, cinturones de castidad, máquinas de tortura sexual de la oscura Edad Media, evolución de consoladores, disfraces, fetiches… todo un paraíso del sexo.

Museos eróticos: Nueva York y el MoSex

Otra de las reliquias sexuales es el museo erótico de la capital estadounidense. Aquí encontramos una versión subida de tono del MoMA, con un espacio mayor y con todo tipo de exposiciones picantonas. Este museo tuvo controversia, pues está situado en la Quinta Avenida y los permisos de apertura fueron polémicos, si bien se solventó alegando esta institución que buscaba enseñar y educar en los comportamientos sexuales a lo largo de la Historia. Este museo no se centra en lo explícito, sino que busca evocar sentimientos y cumple una función instructiva con secciones dedicadas a la homosexualidad, al BDSM, a la fotografía erótica, al cine erótico. También cuentan con un bar-restaurante para el deleite y el placer de las papilas gustativas.

Praga y sus máquinas sexuales

Recorrer las calles de Praga es enamorarse de esta maravillosa ciudad centroeuropea. Y entre chocolate caliente, buena gastronomía y calles sinuosas aparece el SMM o museo de máquinas sexuales de Praga. A escasos metros de la Plaza de la Ciudad Vieja, en pleno centro turístico, se abre a los visitantes este oasis de la tecnología. Dentro de este museo, nada queda a la imaginación, porque muestra una colección real y exagerada de máquinas del placer. Desde máquinas eléctricas para la masturbación genital, corsés de hierro, masturbadores para parejas, etc. También cuenta con una galería de sexo histórico, aunque su fuerte son los instrumentos para el placer.

Berlín y una mujer a la cabeza

No todos los alemanes son austeros. De hecho, en la capital alemana se encuentra uno de los museos eróticos más grandes del planeta. El Beate Uhse Erotic Museum no solo representa un escenario repleto de iconografías sexuales y sexo explícito, sino que también abandera el feminismo, pues fue creado por Beate Uhse, una de las primeras mujeres que fue piloto de guerra y, además, una de las primeras en romper los tabúes del erotismo y lanzarse a abrir un sex-shop. En 1996, Uhse decidió abrir una pequeña galería en la que mostrar su colección privada de elementos del placer. Este desafío afamó el local, a ella y a sus ideales, que poco a poco fueron creciendo hasta crear este museo, donde puede verse una muestra del arte erótico europeo y asiático, así como una colección de películas pornográficas más antiguas de la Humanidad.

Paris mon amour

Cerramos nuestra selección de mejores museos eróticos del mundo, cómo no, en la ciudad por antonomasia del placer: París. Ese distrito XVIII de calles inclinadas, fachadas rotas y restos de lo que en la Belle Époque se consideró centro neurálgico del libertinaje en Europa recoge uno de los museos del sexo más emblemáticos. Respondiendo a la elegancia innata de esta ciudad, este museo se auto-denomina “del erotismo” en lugar “del sexo”, pasando a ocupar uno de los espacios educativos de la ciudad al abordar el erotismo desde sus raíces. Su colección muestra la esencia multicultural parisina de todas las épocas y se centra en recopilar todo tipo de expresiones artísticas vinculadas al erotismo, por lo que lo convierte en un auténtico museo en el que uno, observando vaginas y penes por doquier, parece sentirse en la más solemne sala del Louvre.

 

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